sábado, 6 de agosto de 2011

El hombre de al lado (2011)

Por Carlos:****1/2
Por Juanmez: ****

Inteligente propuesta la que Mariano Cohn y Gastón Duprat nos ofrecen en esta película rodada en el 2009 pero que llega con dos años de retraso a nuestro país. Nos plantean la extravagante situación de un hombre, Víctor (Daniel Aráoz) que abre una ventana de cara a la casa del al lado, invadiendo la intimidad de su vecino (Rafael Spregelburd). Éste, impotente ante la tamaña idea de Víctor, elabora mil y una excusas y artimañas para intentar convencerlo de que cierre definitivamente el hueco abierto.
El interés reside en saber qué tendrá montado Víctor en su piso que le hace necesaria la existencia de la ventana. O quizás dé lo mismo, y lo importante sea el hecho de cómo la vida de una persona puede derrumbarse por completo, eliminando todos los esquemas lógicos mediante los cuales se soporta por culpa de un factor totalmente externo que le imposibilita una existencia pacífica con el mundo, y consigo mismo.

Para lograr esto, sin duda era necesaria la existencia de dos actores que fueran capaces de soportar toda la carga tragicómica de la película. Aráoz divierte y asusta en su papel de Víctor en una genial interpretación y Spregelburd mantiene en vilo al espectador hasta en el más mínimo detalle. Los actores necesitaron un duro ensayo para conseguir el punto necesario de realismo que transmite la película. El resto de personajes están también muy logrados y son de los más variopintos: la horrible mujer, la hija estúpida, el alumno tonto...
'El hombre de al lado' es una película muy fresca y rodada con gracia, muy al estilo argentino, con planos móviles y muchos primeros planos, que le dan viveza a las escenas y la dotan de realismo.
Cada año el cine argentino exporta películas novedosas que atraen la atención a la crítica especializada en festivales y revistas pero que el público, por indecisión o desconocimiento no llegan a ver. A pesar de ello, pequeñas joyas rodadas con relativamente pocos recursos dan una alegría a los que buscan películas diferentes a las que nos suelen ofrecer. 'El hijo de la novia', '9 reinas', 'Bombón el perro', 'Historías mínimas' o 'El secreto de sus ojos' son los principales ejemplos que dan fe de ello.

Lo mejor: Grandes interpretaciones, guión sólido con buenos diálogos, giros argumentales y originalidad a rebosar.

Lo peor: Quizás el final no les guste a todos...


Carlos.

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Poco tengo que añadir a lo escrito por mi compañero Carlos, pero me gustaría hacer igualmente una breve valoración personal sobre esta interesante cinta argentina. A mi juicio, lo más atractivo que muestra es el duelo de caracteres existente entre sus dos personajes protagonistas (ambos excepcionales en sus papeles, como ya dijo Carlos). Víctor por un lado es una persona directa, bromista y campechana que carece de un estatus social alto; mientras que Leonardo es un diseñador de renombre engreído y reservado, que vive en la única casa construida por el famoso arquitecto Le Corbusier en la Ciudad de La Plata nada menos.

Teniendo muy presente estas diferencias, Leonardo siente cómo la armonía aparente de su hogar corre peligro cuando Víctor irrumpe en su microcosmos. Todo sucede a raíz de una interminable disputa relacionada con la apertura de una ventana en una zona del piso que, según Leonardo, atenta contra la intimidad de su familia. Esto puede resultar contradictorio, ya que se supone que él debería estar acostumbrado a ser observado constantemente al residir en una casa cuyo destino es casi obligado para turistas y curiosos; pero paradójicamente es algo que no soporta, hecho que queda patente a lo largo de la película. Quizás esta actitud tan fría se debe al temor de que la gente cercana que le rodea, posiblemente tan "snob" como él, se entere de sus trapos sucios (como que le cuesta intimar con su mujer o que no sabe entablar una conversación normal con su hija, entre otras cosas).

Por tanto, esta actitud de Leonardo choca frontalmente con su nuevo vecino, una persona abierta que no tiene reparos en ser observado porque no siente que tenga que esconderse detrás de sus paredes. De ahí surge realmente el conflicto, es decir, para Leonardo es impensable conectar con alguien tan opuesto a él mismo. Por extraño que resulte, esta relación que mantienen acabará beneficiando a Leonardo, enseñándole a dejar de observar a los demás desde su posición para aprender a observarse más a sí mismo y darse cuenta de que a veces las personas que nos irritan profundamente pueden llegar a darnos una sorpresa.

Pese a que la resolución no me parece la más adecuada, hay que reconocer que es impredecible cuanto menos y que ofrece una valiosa lección: "las apariencias engañan".


Juanmez.

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